
El asesino cruel se esconde tras el horizonte, sus últimos rayos tiñen de color sangre el cielo.
Y ahí llega Ella, la madre de todas las criaturas, cubriendo de estrellas el firmamento con sus acogedoras alas negras e infinitas.
El frío y el hambre me hacen despertar, me incitan a la "vida". Las viejas bisagras rechinan al abrir mi ataúd, esbozo un bostezo casi eterno. Estiro mis brazos y piernas y llevo mi cabeza hacia atrás tratando de desperezarme, de quitarme un poco de la molesta sensación de endurecimiento de mis músculos cansados de siglos.
Esta noche me siento un poco...vivo.
Luego de alimentarme con el primer ser que se cruzo saludo con todo mi amor a
Considero en buscar alguna victima para jugar un poco con su vida, siempre decía mi padre:
_"cuando estés a punto de arrancarle la vida a alguien prueba esto; déjalo agonizando y presta atención, y si estas verdaderamente atento te podrás dar cuenta en el instante preciso en que se apaga su vida, y si eres veloz podrás ver el preciso momento en que su alma abandona el cuerpo; pero si eres rápido, realmente rápido, podrás tomarla".
Con esas palabras resonando en mi mente me dispuse a probar su teoría, hacia mucho que la inquisición había matado a mi padre, pero algo me dijo que era tiempo de ver que resultaba de sus dichos.
La noche era fría y las estrellas cubrían el cielo, la luna llena coronaba aquella escena del invierno boreal. El paisaje cubierto de nieve, los árboles muertos con mil estalactitas de hielo colgando de sus ramas y los búhos chistando hacían una oportunidad perfecta, solo faltaba la victima en cuestión que cruzara desprevenida aquel oscuro bosque.
La imagen de una mujer hermosa de grandes pechos y rizos dorados parecía imposible de alcanzar, aunque sus ojos azules se dibujaban en mi mente así tanto como la pálida piel de su cuerpo, aquel cuerpo cubierto de un vestido turquesa transparente, que se volaba con el viento gélido del invierno.
Las pecas en su rostro, las pestañas infinitas, sus dientes de perla y su mirada…su mirada tierna de adolescente que me invitaba a la locura, a aquello que los hombres llaman amor.
“Jamás deberías de confiarte con los humanos decía mi madre, ellos te atraerán con mil ilusiones para que caigas en sus redes de avaricia y lo único que buscan es gloria propia ya que ellos en realidad quieren vivir une vida como la nuestra”
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